martes, 20 de septiembre de 2011

Sujeto del inconsciente - materno

¿Qué me quiere? O ¿Qué quiere que quiera? Para ubicarme desde allí y siendo eso hacerme deseo de tu deseo. El sujeto del inconsciente – inconsciente como discurso del Gran Otro materno – es un Significante, es decir, es un lugar de deseo, una identidad encarnada tendiente a significar algo para el Otro materno. El sujeto del inconsciente es un decir que habla sobre el lugar que ese sujeto hablante ocupa o es como deseo del deseo de un Otro, puesto que nada puede representar más fehacientemente su felicidad más que ser el deseo de alguien y así siendo el deseo de alguien, ser su falta. Bajo esta lógica el sujeto se constituye como sujeto (y precisamente por esto se habla del sujeto del inconsciente, es decir; un sujeto que está sujeto al discurso del Otro) pues es reconocido como alguien que representa y/o significa algo, un deseo, para alguien, para el Otro (materno en este caso). Esta es la ilusión que constituye la felicidad del sujeto y a la vez su alienación.

La lógica de ser el deseo del deseo del Otro sólo opera en lo imaginario puesto que si ser el deseo del deseo del Otro implica que el sujeto es la falta de dicho Otro, es decir, lo que a ese Otro le falta, entonces la castración – trámite inevitable que evidencia que el sujeto no es lo que colma al Otro, no es su deseo tal como el sujeto desea serlo, no es Falo del Otro – viene y tumba al sujeto de ese piso ilusorio en la medida que le reitera – en ese trámite de pérdida y separación que implica la castración - la caída de esa empresa ideal de ser eso que al Otro le completa o colma. Bajo esta lógica el sujeto queda “atrapado” y falla, tropieza, se desencuentra pues eso que el sujeto configura en su deseo como “amor”, es más un goce de colmamiento imaginario que siempre le será negado porque no existe, pues el sujeto es más que sujeto al discurso y/o deseo del Otro que le donó y le convocó a la vida, que lo parió, y así mismo ese Otro es más que ser el deseo del sujeto que ha parido. ¡No podrás reintegrar a tu cría y no podrás poseer a tu madre! Es la sentencia de corte que hace la metáfora paterna para castrar o resituar el deseo, abolir el Falo; eso que engaña y que se cree completa. La castración vía la metáfora paterna hace corte en el apetito voraz que supone la metonimia (el deseo sin fin) en la madre, la castración corte el goce de inmensa hambre y la sed en la que ambos, madre – hij@ se encuentran.

El sujeto es sujeto de la falta, y el Otro está barrado, es decir, atravesado también por la falta, bajo está lógica el Falo se pierde pues el sujeto no es un sujeto completo y por tanto en su estado de falta estructural no tiene con qué completar al Otro materno, y viceversa (por tanto el Otro materno se hace “madre no toda”, es decir retorna a su “ser mujer” y por tanto su deseo se ubica más allá de su cría).

El papelón que el sujeto en su fantasma imaginario cree vino a representar y a ocupar para el Otro, es pura ficción, ahí algo se pierde, se pierde el Falo, pero ese corte al goce que es castración deja espacio al deseo, que es amor. Por ello cuando el sujeto en su devenir inconsciente se pregunte ¿Qué falta vengo a colmar y de qué manera? Es el fantasma del deseo materno el que habla. Ahí hay un Falo hablante situándose como hij@ ante los otros, ante sus semejantes, o por el contrario ubicándose desde el lugar del deseo materno hacia dichos otros, sus semejantes.

En la relación con los otros, el sujeto responde y desea ser respondido desde el lugar de su fantasma, desde el lugar del Falo. Es por esta razón que este escrito no es ficción; el completar y ser completados esta como goce a la orden del día.


No hay comentarios:

Publicar un comentario