¿Cómo voy a responder al otro y como el otro va a tomar y/o a responder a eso? Esa es la angustia y eso es lo que angustia, ese vacío en el saber sobre lo que se ES para el otro como sujetos de deseo ¿Qué identidad nos comanda? ¿Desde dónde nos ubicamos para desear ser deseados por el otro? Son preguntas que apuntan a la disolución progresiva de la angustia en la medida en que descifrando la cadena Significante que es el sujeto mismo, un saber sobre lo que hace en él identidad como sujeto deseado y deseante, aparece ¿Qué soy como Significante? Viene a ser la respuesta al ¿Cómo quiero que me quieran? ¿Desde donde deseo ser reconocido? El sujeto se pregunta ¿Qué soy para el Otro? Puesto que es desde ese lugar que el sujeto se ubica para ser para los otros, sus semejantes. Ese saber es no sabido, o reprimido en términos Freudianos, lo paradójico es que el inconsciente como saber y como lenguaje está ahí, hablándose, diciéndose, pero el sujeto no lo ve, pues el sujeto es ciego frente al goce que su discurso entrampa.
Ese agujero en el saber del deseo es la angustia, y es el tema del Seminario X (La Angustia) de Jacques Lacan que actualmente se lee, y así mismo es el sentir que se vive en carne propia cada vez que se inicia el debate y el sujeto da su aporte y se involucra poniendo en juego su propia angustia dada en el ¡no saber cómo responder al otro y como ese otro va a tomar y/o a responder a eso! Eso angustia y esa es la angustia misma, como ya he repetido. Ahora, yendo un poco más allá dejaré en entredicho que el sujeto responde y desea ser respondido de una forma en particular, desde un lugar Significante en particular, esa forma o lugar particular es el Fantasma, por tanto es el fantasma el que se pone en juego cada vez que la angustia aparece, el fantasma es el frágil tapón que el sujeto tiene para tapar el agujero de la falta, el objeto @, y la angustia que presenta el sujeto constata que el fantasma no tiene la suficiente consistencia como para tapar el agujero de lo real de su falta, el objeto @, la angustia muestra no la ausencia del objeto @ sino precisamente su entrante presenta, la angustia es muestra de que la falta se presenta, por ello la angustia no es sin objeto, su objeto es el objeto @, es decir; la falta.
El sujeto no puede prescindir del necesitar y requerir reconocerse en el otro a partir del representar y/o significar algo para este, el otro, su semejante, por eso la angustia dada en el no saber cómo responder al otro y como el otro va a tomar y/o a responder a eso, lleva implícita una duda y la incógnita del deseo ¿Qué me quiere? ¿Qué desea que desee? Recordemos que el sujeto está atravesado por un discurso que le viene del Otro (con mayúscula) y de esa forma se sitúa como ser existente siendo un deseo del deseo del Otro, es decir, se hace sujeto existente por la vía del representar algo para el Otro, y ese algo que representa, ese papelón que lo comanda es el Significante, el sujeto es un Significante pues el Significante coloca al sujeto es un lugar de deseo para un Otro, la cosa es que ese lugar de deseo se hace discurso y ya el Otro encarnándose en el “interior del sujeto” pasa de ser un ente “exterior” a ser el discurso mismo que el sujeto habla, y ese discurso (que es el Otro) y que el sujeto habla se dirige hacia el semejante, hacia los otros, hacia los partenaires, hacia sus semejantes; el sujeto desea figurar en los otros de la forma como lo figuró el Otro que ahora lleva encarnado como lenguaje, como discurso, es decir, el sujeto desea ser en los otros el Significante que lleva encarnado, el sujeto pide ocupar un lugar en los otros y ese lugar que pide ocupar es el lugar del Significante que lleva a cuestas, el Significante es el lugar desde el cual el sujeto se hace deseo de un deseo de alguien.
Por esto la angustia, el sujeto no puede prescindir del reconocerse como sujeto de deseo sino en el retorno de lo que el otro le devuelve, es decir, el sujeto esta pendido de un hilo, del hilo de que el otro lo confirme o lo desmienta como sujeto, la identidad del sujeto es una identidad de deseo que se confirma o desmiente en la respuesta que da el otro a lo que el sujeto hace, el sujeto pende de un hilo demasiado frágil y si ese hilo se cae la angustia se hace desencuentro y precisamente en esa angustia el sujeto siente las abismales caídas de la castración (el desfiladero de la castración), del No Ser para el otro, del no alcanzarle el significante para figurarse un lugar y sentirse desde allí correspondido como deseado y deseante por el otro. Este es el entrampaje del sujeto y su alienación, el Significante lo supedita, lo ancla a la necesidad del requerir que el otro lo reconozca para Ser.
El sujeto como sujeto al discurso del Otro, sigue una ficción que lo amarra, y el hilo Significante que vendría a revelar esa verdad tan mentirosa (es decir, la verdad de la ilusión y la ficción que sostiene el sujeto) es saber no sabido, o reprimido en términos Freudianos, por tanto el sujeto no sabe como desea desear ser deseado, por eso repito; la angustia como ese agujero del no saber cómo responder al otro y como el otro va a tomar y/o a responder a eso, lleva implícito el ¿Qué me quiere? Que el sujeto le dirige al otro con una mirada, llena de angustia por cierto.
Miremos este ejemplo:
Supongamos que viene un ser al mundo, y a ese ser le venden el cuento de la caperucita roja y bajo ese cuento se estructura, luego, ese ser que es ahora sujeto puesto que cuenta con una marca de cuento o de Significante que lo traza, se topa con otro ser al que le han echado el cuento del lobo y los tres cerditos, y entonces estos dos sujetos se topan y el primer sujeto le dice al otro ¡El lobo feroz quiere comerme! Y el otro sujeto le responde ¿Qué acaso eres una de los tres cerditos?
¿Qué hay aquí?
¡Aquí hay un desencuentro, un malentendido! El malentendido propio del sujeto del inconsciente, del lenguaje, del deseo, en la medida en que el sujeto es un Significante es por tanto un cuento que lo diferencia y le da identidad, y habiendo tantos cuentos como sujetos existentes (cada quien opera desde la traza significante que lo comanda), el malentendido es inevitable puesto que mientras un sujeto habla de un lobo feroz que se come a la caperuza, el otro no entiende esto sino que entiende que ese lobo feroz no come caperuzas (ni siquiera sabe lo que es una caperuza) sino que come tres cerditos.
Ahora pensemos en lo siguiente, el sujeto del cuento de la caperuza desea significar y/o ser algo para el sujeto del cuento de los tres cerditos, el sujeto de la caperuza requiere que el otro sujeto le avale su cuento, y viceversa, entonces en el momento en que el sujeto del cuento de la caperuza le dice al sujeto del cuento de los tres cerditos ¡El lobo feroz quiere comerme! Ahí se gesta la angustia en ese sujeto de la caperuza que no sabe como el sujeto de los tres cerditos va a tomar y/o a responder a eso, y también en el sujeto de los tres cerditos hay angustia en la medida en que no sabe si lo que él responderá será del agrado del sujeto de la caperuza, entonces aparece el segundo movimiento, y es cuando el sujeto de los tres cerditos le responde ¿Qué acaso eres una de los tres cerditos? Ahí hay angustia en el sujeto de los tres cerditos pues no sabe cómo el sujeto de la caperuza va a responder y/o a tomar eso que este sujeto de los tres cerditos ha dicho, y así mismo el sujeto de la caperuza está en la angustia por el no saber cómo responderle al sujeto de los tres cerditos y como este último va a tomarlo y/o a responder a ello.
La angustia aquí es un no saber cómo quiere que el otro quiera que lo quiera, el sujeto del cuento de la caperuza desea que el sujeto del cuento de los tres cerditos lo desee y lo reconozca desde su propio cuento, es decir, desde el cuento de la caperuza, y viceversa, el malentendido aquí es que primero cada uno de estos sujetos habla de su cuento o del discurso Significante que lo gobierna a otro que nada sabe sobre esto puesto que también es portador de un discurso Significante que también a él lo gobierna, pero lo más complejo es que ambos sujetos no saben, no ven (no se leen a sí mismos), no saben del discurso que los gobierna y hablan todo el tiempo, y menos saben ni quieren saber que el otro al cual se dirige ese discurso no puede oírlo (¡Es sordo! ¡El sujeto no puede ver más allá de las limitadas entendederas de su propio fantasma!) esta es la fragilidad del fantasma de cada uno y la inminente caída, es decir el inminente desencuentro del No Ser en el otro, esto supone la angustia que es el sentir de la aproximación del sujeto al objeto @, a la falta (la angustia no es sin objeto).
La falta en Ser angustia y el Ser pese a que no se Sea en el otro, es castración y eso es lo que duele, es lo que angustia, esa es la angustia.
Sergio Iván Vallejo Rincón
Sergio Iván Vallejo Rincón

