“Reflexiones, Escritos y Producciones alrededor de las tardes de los sábados”
domingo, 21 de agosto de 2011
Afuera… las ilusiones
Y un amigo me dijo un día: “no se puede escapar cuando no se tiene para donde”, a lo cual pensé: “¡Tiene razón!... ¿Cómo escapar de mi?… ¿Cómo escapar-me?”, no importa donde vaya ni que trozo de alimento expresado en saberes, diversiones, objetos del mercado, objetos de consumo, ofertas de amor pasajeros, de noches transitorias… no importa que objeto de consumo se devore y se sacie mi sed y mi hambre, nunca podré escaparme, es decir, huirme de eso que me lleva justamente a buscar, y ¿Qué es eso? Eso es el objeto “a”, el objeto causa del deseo, el agujero, el vacío del cual emana eso que empuja e impele a la búsqueda, al ir, al religare o al “volver a unir”, es el deseo, es la libido Freudiana. Ese objeto causa del deseo que Lacan denotó como objeto “a” (Seminario X La Angustia, Cap. “Revisión del estatuto del deseo”) no es eso que está “afuera o adelante” sino precisamente “dentro y atrás”, es decir, el objeto que se busca no está afuera, en el consumo, no es lo que el capitalismo oferta, lo que oferta el amor y el sexo de consumo allá en ese “afuera y en ese adelante”, la búsqueda se desencuentra porque ese “afuera objeto que colme”, ese Falo, es decir eso que completa; ese carro, ese perfume nuevo, esa blackberry, ese pasaje de narcóticos, etc, nunca llenan pues no era eso lo que el sujeto buscaba, era otra cosa y ¿Qué es esa otra cosa? Esa otra cosa es el objeto perdido, el objeto causa del deseo, el objeto que falta, eso que falta, lo que Lacan denotó como el objeto “a”.
Es por esta razón que el sujeto busca algo que no sabe que es y que en últimas no podrá recuperar, reintegrar, reencontrar, pues el sujeto es un sujeto que no sabe lo que busca y no sabe de qué manera lo hace, bajo que medio, de qué forma emprende esa búsqueda de lo que no sabe, es decir, que el sujeto está atravesado por un objeto que tiene perdido e imaginariamente lo busca reintegrar y reencontrar vía el Significante, pero ese saber Significante es decir, ese saber sobre esa manera como se sitúa en el mundo y ante el otro para pretender reintegrar y reencontrar lo que tiene perdido, es no sabido, el Significante como saber del inconsciente esta reprimido, no sabido, con esto entendemos el significante como esa vía, esa forma, ese camino por medio del cual el sujeto se dirige siempre al desencuentro, desencuentro en la medida en que se estrella al no encontrar lo que buscaba, pues allá donde lo busca no existe. No importa cuánto desee el sujeto volver a ser niño, no puede, no puede retornar a ese viejo placer provenida del primer objeto de amor fundante, en donde el sujeto toca la máxima absoluta de felicidad y completes, y que luego tras la pérdida de ese objeto vía el Edipo, la represión protege el sistema psíquico reprimiendo y desalojando a ese objeto que se pierde, de este modo el sujeto se divide y precisamente entra al mundo del lenguaje, de la palabra, del discurso que propende por articular una singular manera de buscar lo que ha perdido.
Por ello, afuera… las ilusiones, los espejismos en los que el sujeto se engaña con objetos inexistentes en la búsqueda de llenar una falta que no se colma, pues precisamente la falta, el agujero, lo que Lacan denotó como objeto “a”, no es un hueco a llenar, es por el contrario un hueco del cual emana algo, y ese algo es el deseo (por ello el objeto “a” es el objeto causa de deseo, el deseo es causado por un hueco, por una falta, por el objeto perdido), pero el goce y su alojamiento en el terreno de lo imaginario, nada sabe de eso y nada quiere saber. Todo discurso es ciego frente al goce que entrampa.
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